En muchas casas, el día empieza —y a veces termina— con una pantalla encendida. Tablets para hacer tareas, computadoras para investigar, televisión de fondo y, en medio de todo, padres preguntándose si están acompañando bien este proceso o simplemente intentando “sobrevivir” a él. Este artículo nace justamente para acompañar a las familias, porque el uso de la tecnología no es solo un desafío escolar, sino una realidad cotidiana que los padres también deben gestionar, regular y comprender.
Tecnología en la escuela: claridad y responsabilidad
Desde la escuela, es importante aclarar que el Ministerio de Educación del Ecuador prohíbe exclusivamente el uso de teléfonos celulares dentro de las instituciones, normativa que COPOL acoge y cumple con responsabilidad. Esta regulación, sin embargo, no implica rechazar la tecnología, sino diferenciar su uso: otros dispositivos como tablets, computadoras y laptops sí forman parte del proceso educativo cuando su incorporación es pedagógica, planificada y supervisada.
Un enfoque formativo, no prohibitivo
El enfoque no es prohibitivo, sino formativo. Así como en casa no es lo mismo entregar una pantalla para “calmar” que usarla para aprender algo juntos, en el entorno escolar la tecnología se convierte en una herramienta cuando tiene intención, propósito y acompañamiento adulto. De esta manera, los estudiantes aprenden a relacionarse con lo digital de forma consciente y progresiva.
Pantallas en casa: límites con presencia adulta
También en el hogar, las pantallas requieren límites claros y presencia adulta. Eliminar la tecnología por completo no es una opción realista ni formativa: nuestros niños crecen en un mundo digital, y las habilidades que hoy desarrollan —buscar información, analizar contenidos, resolver problemas con apoyo tecnológico— serán parte esencial de su vida académica y profesional.
Infancia y desarrollo cerebral
No obstante, entre los 3 y 12 años, el cerebro infantil se encuentra en una etapa clave de desarrollo. La atención, el lenguaje, la autorregulación emocional y la socialización aún se están consolidando. En este contexto, el uso educativo y guiado de dispositivos puede ser una oportunidad de aprendizaje, mientras que el consumo libre y sin supervisión de celulares, videojuegos o estímulos rápidos puede interferir en estos procesos.
El desafío: acompañar con criterio
Por ello, el desafío no está en prohibir, sino en acompañar con criterio. Cuando familia y escuela comparten una misma mirada, la tecnología deja de ser un motivo de conflicto y se transforma en una aliada para el aprendizaje y el desarrollo integral de los niños. Desde esta convicción, es importante que los adultos reflexionemos sobre algunas ideas clave:
Tiempo razonable, no tiempo perfecto
No existe una “receta única”, pero sí principios orientadores:
👶 Para niños de 3 a 5 años: En COPOL, se introduce el uso de tablets, con la finalidad de desarrollar el pensamiento computacional y la programación de manera lúdica, en un periodo de 30 minutos, se inicia la interacción con estrategias activas y luego de las instrucciones los niños manipulan tablets, o robots durante breves periodos (10–15 minutos) con fines educativos, siempre con supervisión directa, de las docentes a cargo del grupo.
🧒 De 6 a 12 años: Se mantiene la misma línea, los tiempos moderados y acciones planificadas, permiten que los niños interioricen en su rutina que las tablets son una herramienta útil, si aprenden a usarlos de manera productiva y evitando el uso libre, sin límites.
Más importante que el reloj es el equilibrio: que en el día también haya juegos al aire libre, movimiento, conversación, lectura y actividades sociales. Es importante evitar pantallas durante las comidas, antes de dormir y como “calmante” automático ante frustraciones.
No todo uso es igual: consumo pasivo vs. experiencias activas
A veces pensamos que “pantalla es pantalla”, pero no es así. Hay usos que restan y otros que aportan:
🚫 Consumo pasivo • Videos automáticos o sin fin • Juegos repetitivos sin reto cognitivo • Contenidos que solo entretienen, pero no exigen pensar ni crear.
Este tipo de uso absorbe la atención sin desarrollo real y puede aumentar la irritabilidad, impulsividad y dificultades para concentrarse.
✅ Experiencias activas • Crear dibujos o historias • Investigar un tema de interés • Programar, editar fotos o grabar un video creativo • Juegos que requieren estrategia, resolución de problemas o movimiento corporal Aquí la pantalla se transforma en una herramienta, no en un “niñero digital”.
Experiencias reales en el Jardín Escuela COPOL
En el Jardín Escuela de COPOL, muchas de las tareas que enviamos a los más pequeños, son videos de visitas a lugares de cultura, o experiencias familiares, vacaciones, acuerdos que establecen en casa para colaborar en las tareas del hogar, etc. Es muy grato observar lo productivo de estas experiencias familiares, todos disfrutan el ser parte de esta producción, pero sobre todo nuestros estudiantes asumen un rol protagónico y en un ambiente de total confianza, expresan libremente sus ideas, desarrollan su lenguaje y sorprenden a sus padres, mediante el uso del vocabulario fluido que adquieren en las aulas.
Señales de alerta: ¿cuándo deja de ser sano el uso de pantallas?
Es importante que padres y docentes identifiquen cambios como: • Dificultad para dejar el dispositivo sin enojo excesivo • Aislamiento o desinterés por juegos físicos y sociales • Cambios en el sueño o apetito • Pérdida de concentración en actividades escolares • Necesidad constante de la pantalla para calmarse
Estas señales no significan “adicción”, pero sí la necesidad de revisar hábitos, acuerdos y clarificar los límites.
Los padres como mediadores activos
El acompañamiento adulto es mucho más que vigilar el tiempo en pantalla. Implica: • Estar presentes, comentar lo que ven, hacer preguntas abiertas. • Ayudar a interpretar contenidos y mensajes para validar la experiencia. • Modelar con coherencia: si pedimos desconexión, debemos practicarla. Es fundamental que en los espacios que se comparten con hijos y estudiantes, se deje de lado el celular, de manera que nuestra atención esté totalmente enfocada en las personas. • El uso de pantallas no debe ser premio o castigo, para que las pantallas no se vuelvan demasiado poderosas emocionalmente.
Cuando la familia acompaña, los niños desarrollan criterio, autonomía y autocontrol.
Del dispositivo a experiencias divertidas: una transición tranquila
Muchos niños se sienten atraídos de forma intensa a los dispositivos electrónicos porque les ofrece estructura, reto, progreso y atención inmediata. Para que la transición no sea una lucha, podemos ofrecer alternativas que tengan esas mismas características:
Ideas prácticas según la edad
👶 3 a 5 años: • Mesas de exploración sensorial (incluir juguetes y cuentos con texturas). • Juegos de construcción con retos (“¿puedes hacer una torre del tamaño de tu brazo?”). • Mini misiones de movimiento: saltar, clasificar objetos, buscar colores y otros desafíos controlando el tiempo. • Cajas de creatividad: plastilina, stickers, papeles, trozos de cartón; con los que pueden desarrollar proyectos creativos.
🧒 6 a 12 años: • Retos de lectura o escritura breve. • Proyectos de ciencia simples y experimentos. • Juegos de mesa con estrategia. • Actividades maker: crear una historieta, grabar un audiocuento, diseñar una maqueta. • Deportes y retos de movimiento.
La idea no es “quitar”, sino ofrecer alternativas estimulantes dentro de la rutina diaria, que les permitan alcanzar el incomparable regocijo que ofrece el compartir con papa y mamá, así como lo disfrutan en su escuela con su grupo de trabajo durante las clases, mientras preparan sus exposiciones y demostraciones de aprendizaje.
Coherencia entre casa y escuela
Los niños necesitan reglas claras y consistentes. Cuando los adultos no tienen acuerdos comunes, los pequeños se confunden y resisten más. Por eso, es importante que: • Familia y escuela definan principios compartidos. • Así como lo hacen en la escuela los niños participen en casa en la creación de acuerdos. • Se establezcan rutinas predecibles: tiempos, lugares permitidos, momentos sin pantallas. • Se converse abiertamente sobre los motivos detrás de los límites.
La coherencia no nace de la rigidez, sino del trabajo conjunto y el diálogo.

Reflexión final
Acompañar el uso de dispositivos no significa desconfiar de la tecnología, sino educar a los niños para que la usen de manera consciente y equilibrada. Entre los 3 y 12 años, la presencia activa del adulto es clave: guía, observa, propone alternativas, establece límites saludables y construye acuerdos que se respetan en familia y en la escuela.
Las pantallas pueden ser aliadas, siempre que recordemos que ningún dispositivo reemplaza la relación, la conversación y el juego compartido, constituyen una verdadera herramienta educativa si se utilizan como el vínculo con los adultos que acompañan su crecimiento y el reconocimiento de los atributos y habilidades que los niños van desarrollando gracias a las experiencias de aprendizaje, rigurosamente diseñadas por los docentes, y que involucran desde la primera infancia las Ciencias, la Tecnología, la Ingeniería, las Artes y las Matemáticas, como lo hacemos en COPOL, desde los 3 años de edad.